El Paseo del Prado: evolución de un espacio emblemático
Iniciado en 1772 durante el gobierno del Marqués de la Torre, el Paseo del Prado, o de Extramuros, se convirtió en un lugar predilecto de la sociedad habanera. Conocido también como Alameda de Isabel II y calle Ancha, en 1904 se le nombró Paseo de Martí. Inicialmente, consistió en una alameda acondicionada para el tránsito de coches de caballo, la forma de paseo más común en la época. El Parque Central constituía un ensanchamiento del propio paseo y un hito en su recorrido de más de un kilómetro de largo. El plan de mejoras urbanas emprendido por el Gobierno interventor norteamericano incluyó la reconstrucción del Paseo, que también recibió nuevo arbolado y mobiliario.
Remodelaciones y surgimiento de lugares significativos
En 1834, el Paseo fue remodelado, adquiriendo mayor jerarquía con mejoras en el alumbrado público y la pavimentación. Edificios y lugares significativos fueron surgiendo a su alrededor, destacando el Parque Central, que se integró al paseo, extendiendo su recorrido de más de un kilómetro. Incluido como elemento clave de la ciudad en cuanto plan de desarrollo se elaboraba, es a fines de la década de los años veinte cuando adquiere mayor relevancia, con la realización del Proyecto de Ensanche y Embellecimiento de La Habana del paisajista francés Jean Claude Nicolas Forestier secundado por un equipo de colaboradores franceses y cubanos, entre los que se encontraba Raúl Otero, a quien mucho debe el Paseo su imagen definitiva. Ambas obras fueron inauguradas el mismo día: 20 de mayo de 1929.
Central Park
El Parque Central, cuya ubicación estuvo marcada por la existencia de la muralla y sus puertas de Monserrate, sustituyó a tres plazuelas tras el derribo del muro, siendo concluido en 1877 con moderno alumbrado y ornamentación realizados en Nueva York. Desde finales del siglo XVIII, el área había adquirido importancia con el Paseo del Prado y el desarrollo de la ciudad. En 1960, se mantuvo la posición original del monumento a José Martí, obra de José Vilalta de Saavedra (1904), el primero dedicado a él en Cuba.
Au même endroit se trouvait auparavant une statue d'Isabelle II enfant et, plus tard, une autre de la monarque lorsqu'elle était plus âgée. En même temps, quatre lions de marbre blanc se trouvaient dans les angles et quatre fontaines, dont deux ont été reconstruites et placées au centre des groupes d'arbres feuillus placés sur les côtés, complétant le mobilier de bancs, de sculptures et de lampadaires. Le pavage a été réalisé avec un dessin mauresque en terrazzo rose, et vers la rue Zulueta, huit jardinières ont été placées en évocation des étudiants en médecine fusillés par l'armée espagnole en 1871. Selon le concepteur, les palmiers qui entourent le monument à Martí sont une coïncidence et ne font pas référence au jour de sa naissance.


