El cañonazo de las nueve es tan habanero como El Morro, la Giraldilla y la Fuente de la India. Su génesis se remonta a 1537 cuando corsarios y piratas llegaban a saquear La Habana. Dichas incursiones obligaron a construir una enorme muralla que iría de litoral a litoral, originalmente con dos puertas cuyo número ascendió hasta completar nueve.
A las cuatro y media de la madrugada, un cañonazo disparado desde un buque y luego desde La Cabaña, anunciaba la apertura de las puertas. A las ocho de la noche, otra detonación avisaba el cierre. Con el transcurso del tiempo, el cañonazo comenzó a dispararse una hora más tarde.
El ocho de agosto de 1863 comenzó el derrumbe de la gran muralla, pero la tradición del cañonazo a las 9:00 en punto continuó, solo interrumpida durante la Primera Intervención Norteamericana y la Segunda Guerra Mundial entre 1942 y 1945. Un hecho curioso, o más bien insólito, fue el ocurrido el 18 de septiembre de 1901, cuando el tradicional disparo ocurrió a las nueve y treinta de la noche. Nunca se dio explicaciones.
Con más de 300 años de tradición, El Cañonazo ha sido fiel acompañante de nuestra ciudad y hoy ostenta la condición de Patrimonio Cultural de Cuba. Cada noche es posible viajar en el tiempo y ver una suerte de ceremonia en la que cadetes vestidos a la usanza de la época colonial, detonan una pieza de artillería del siglo XVIII.